
El silencio se escucha entre los pasillos, las seis de la tarde y aún sigo aquí contigo con la pequeña esperanza que te fijes en mí. ¿De casualidad eso te hace reír?
Con la sombrilla en el bulto y el corazón en la manga, contigo brincaría varias charcas sin que nos vea los de nuestra ganga. Tantos caminos inundados, pero por ti cruzaría un río desbordado solo por compartir a tu lado. Si el carro se me quedara, se que te convertirías en mi guardaespaldas hasta que mi familia llegara preocupados por mi.
Saludos cordiales, “Soy…” y dices tu nombre, por mi sonrisa sabrán que me he enamorado de un buen hombre. Sumar se hace fácil cuando tienes a dos, pero sólo uno de nosotros sabe rimar sin relevar lo que hay detrás.
Si te creías que no sería tuya en algún punto, tendrás que perdonar mi corazón testarudo. Por ti yo bailaría bajo la lluvia, aunque que no pueda controlar mis estornudos. Anhelo por hacer nudos con nuestros hilos rubros hasta que mi meñique se torne oscuro.
Tonterías de niña ves, buscando tu atención otra vez. Aprendí hasta un poco de japonés para enamórate con mi elocuencia y subirte el interés.
Estoy clara que sobre pienso tus acciones, pero ¿qué más puedo hacer cuando me cantas una de tus canciones? Se que no quieres saber más de relaciones, y no dudo que tendrás tus mil razones, pero entre todas tus elecciones, quiero ser a quien selecciones.
¿Escuchas las gotas caer? Volvió en mi alma a llover cuando quise atraer tus ojos de miel hacia mi humilde piel mojada por las lagrimas de mi ex infiel. Subes la mirada cuando lo menciono, ¿a caso con eso te enojo? Aún no me has visto de rojo, y al igual que con el pan, te entrará un antojo.
Con esta lluvia te mereces café con leche, me aseguraré que nadie sospeche cuando nos escapemos a ver las pinturas de José Campeche. Ponte tus gafas y gorra, en nuestra primera cita te ahorras un cena con las de Gomorra. Soy tan sencilla como una mariposa, quien elige enamorarse de una sola rosa.
Sin embargo, tus labios están prohibidos. La tormenta me lo vuelve a recordar, cuando lleguen a los oídos a quien debemos este secreto guardar. Que maldad me ha hecho la vida, planificando pronto mi partida. Aunque aún no estoy por vencida, si admites que sería tu elegida.
El diluvio de lo desconocido, palabras que confiesas como amigo: “No me atraes, aléjate de mi.” La pesadilla que no deseo presumir, porque se que estaría 4,346 noches sin dormir. Sin nunca haber conocido tu calor, o dejar en tu piel mi olor.
¿Qué pensarás de mi? Cuando quieras resumir lo que dejaste morir por mi escapada hacia Madrid. Podré tener la oportunidad con el español, italiano, o sueco, tomándome varias copas secas de Prosecco. Aún así se me quedará un hueco, apeteciendo la lluvia que apartaba tus flecos. Desde lo lejos, como un huracán, te escucharé gritar a los cuatro vientos, “No la merezco.” y yo, toda borracha bajo el sol repitiendo, “No merezco esto.”
Deja un comentario