
Amor no mío, ¿a caso no te gustó el nuevo labial que compré? En la barra me lució contra el primer trago de pama, el segundo ciertamente me hizo resplandecer, y el tercero en tus labios me dió más sed.
Todos los viernes salimos como amigos, pero el sábado me levanto tuya. Nuestros ojos de canela se encuentran entre sabanas, mientras tu piel toca la mía haciendo que el frío del aire se torne en calor.
Antes que llegue la noche, primero hacemos el juego de cazar a otros para no crear sospechas entre colegas. Te veo hablando maravillas de otras, que guapa es esta, que coqueta es la otra, pero cuando me mencionan a mí, tus labios se enroscan hasta pintarse de morado.
Celos ilógicos de existir, ¿cómo es que tu puedes enamorarte de más de una y yo solo de ti? Ridículo, merezco mejor. Sin embargo, sigo bebiendo del vino prohibido. Eres el placer de mis domingos, enamorarme de ti es puro instinto.
Los lunes llegamos sin ánimos al oficio, café negro en mano y las galletas saladas con cubos de queso en la otra. Sentados en extremos opuestos, intercambiando palabras sin hablar entre los pasillos donde las luces parpadean como códigos secretos.
Tu perfume aún permanece en mi ropa, las viejitas de finanzas ya descifran nuestra obra. Saben que en carros diferentes llegamos, pero que en la misma casa nos acostamos. Pasa una mañana de chismes, que niegas diciendo a tus colegas, «¿Marie? Si para mi ella casi ni existe.»
Los martes son el peor día. Todos los loros de la oficina siguen hablando, aunque de nosotros se han olvidado. Creen en las palabras de un hombre como si fuera el testamento de un dios honesto, ¿y las mujeres? ellas solo crean los dramas, cuyo fuego ha sigo encendido por el otro.
En el medio del pasillo te vuelvo a encontrar los miércoles, pidiéndome perdón por insultarme por milésima vez. Me invitas a cenar en la noche en tu piso, te acepto la invitación porque también me hace falta un poco de cariño.
Vuelvo a tomar de tu vino malísimo, entrega total sin pensar en el juicio. El amor no existe entre nosotros, aunque lo anhelo cada noche cuando mi nombre susurras en la oscuridad acariciando mi mejilla con el pulgar.
Este jueves se sintió diferente. En el coche reflexionó de camino a mi hogar, repitiendo aquella conversación ausente. Una sola pregunta te arruinó la noche, y aún así nos servimos el postre.
Extraño las conversaciones que solíamos tener, incluso las discusiones basadas en nuestros ideales, moral e interés. Tu intelecto es cautivador, pero recuerda que el mío también. Ambos reconocemos nuestra falta de amor.
Este viernes decidí no salir. Me llamaste tres veces para reencontrarnos en el Tinto y Blanco, el mismo lugar donde los senadores y representantes llevan a las mujeres como antes era yo.
Si tanto amor buscas, conmigo no es. Llamas por quinta vez hasta recordar por qué no te conteste. «¿Podría presentarte a mis amigas?» repetía como disco rayado hasta que al fin llego la mañana donde decidí ser respetada.
Deja un comentario