Una carta para mi y el infeliz

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Cuando pienso en felicidad tu rostro desaparece. Cuando me imagino viviendo mis veintes me eres indiferente. Cuando pongo mi idea en marcha, ahí es que apareces tratando de hacerme igual de miserable como tú.

No te voy a dejar quitarme mi sol, tus nubes negras no son bienvenidas a mi paraíso. Las tormentas que viviré no serán por ti, al contrario serán porque quise lo mejor para mi.

Ya me veo alquilando el apartamento en Madrid. Saliendo con miles de chicos sin compromiso porque al menos eso aprendí gracias a ti. Tapas gratis todas las noches hasta que llegue el indicado. No pierdo más tiempo buscándolo.

¿Quién pensaría que esta sería yo después de la mitad de un año siguiendo a vos? No me arrepiento de haberme enamorado, solo que fue contigo el tiempo desperdiciado en las pestañas postizas, la manicura y el pelo alisado. El no comer para no engordar, el hacerme la boba para hacerte sentir mejor, el no querer pensar en aventuras lejanas por compartir contigo una copa de vino en el Hilton.

El vuelo lo acabo de comprar y aquí tu estás tratando de convencerme que es la peor decisión de mi vida. «Tenéis un ingreso seguro.» repetiste dos veces como si eso me importara. Me tienen en mis últimos ánimos, me miran mal cuando me voy un viernes a las 5:00pm a salir con mis amigas. Tengo miedo de irme sin pregunta, «Ya me puedo ir?». Explícame que clase de vida es esta discordia.

No te hagas el difícil ahora, no pretendas como si no te gusto sentir mis brazos entrelazados en tu cuello y el olor de mi perfume de pera consumiendo tus pensamientos de cómo sería olerlo en el resto de mi piel. Fuiste tu el que se pasmó cuando pregunté cómo me veía vestida con corazones igualitos al color de tus mejillas y las mariposas en el cabello como las que llevas ignorando por un buen tiempo.

Indeed y LinkedIn me siguen llenando las notificaciones, me siento mil veces mejor cuando envió la solicitud con la esperanza de recibir sus contestaciones. Rezo a Dios todos los días para alejarme de esta cultura tóxica de trabajar hasta un ataque de ansiedad, tiempo corto para investigar, y después se preguntan por qué su gente no dura más de cuatro años.

Si a ti te gusta desvivirte por una compañía que mañana te bota, bienvenido a America. Tierra del rebaño obsesionado con el dinero que no les da para comprar medicamentos esenciales o pagar la renta. Según los expertos de las escuelas que cometen fraude igual que los políticos y celebridades que pagan millones para asegurar que sus hijos puedan ingresar, la razón por la cual no tenemos nuestro propio hogar es por ser vagos y anhelar el querer respirar.

Olvídate de las deudas estudiantiles porque mi educación vale más que el dinero. Después te arrepientes por tener cien millones en deuda por un máster que te consiguió un trabajo de barista en Nueva York.

Esa no soy yo, ese no deberías ser tu. Me habrás roto el corazón, pero nunca te deseo mal. Bienvenido nunca estarás a lo que será mi nuevo hogar, aunque te invito a pasear por las calles del viejo mundo donde respetan más nuestra libertad. Y así mi cuento acabará.

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