Una carta para el vecino

By

Querido vecino,

¿Cuantas veces mirarás por tu ventana para alimentar tu pura curiosidad? Pretendes no prestar atención cuando tus ojos de caramelo se tropiezan con mi mirada de afección. La sonrisa te es reluciente cuando me escuchas platicar con la vecina, el cafecito en mano. Al igual que tú, ella finje no notar aquellos ojos que no paran de admirar la vista hacia mi jardín lleno de claveles y ladrillos.

Las doñitas del barrio comenzaron a murmurar que entre tú y yo “hay algo más.” ¿Qué significa? Pretendo esta vez yo no saber esperando por que me des una señal. Te adelanto que fui yo quien te dejé esta carta en el buzón, a la puerta unas flores, y el café fresco te cole para animarte visitar mi humilde hogar.

Espero por el día que te llenes de valentía para asomarte en la esquina debajo del flamboyán. En tus manos un bizcocho de chocolate porque sabes que es mi favorito, y un tulipán rojizo para ver si mi corazón resuena con tus latidos.

Que sencilla vida tendríamos si nos dejará de importar lo que piensan los demás. Aún te veo tímido como aquel primer día cuando te mudaste a nuestra vecindad y buscaste mil excusas para no instalar las persianas por querer tener vista hacía mis muecas, ocurrencias y belleza.

Por si no lo sabías, el señorito Jaime dos veces ha tratado arruinar lo nuestro, casi le creo su juego cuando me zumbó que te vio en La Placita con una modelo. La describió ser como la más hermosa de la Capital. Peor fue cuando vi en tu galería las fotos de tu antes querida, aún mantienes sus retratos atando el fantasma de tu pasado.

Cuando hablas de ella, me pregunto si la has superado. Aunque desde hoy te admito que no me importa tu pasado. Si en tu presente y futuro estoy yo, ¿por qué preocuparme por alguien que ya es solo tu amiga?

Ahora sí, tengo varias preguntas como quiera para hacerte. Si pretendemos no ser nada, ¿por qué te mantienes a mi lado en la barra? ¿Cómo es que te das cuenta cuando mis pensamientos me consumen? ¿Por qué tu crees que te envío mensajes por el muro? ¿Cómo te acuerdas de detalles fácil de olvidar? ¿A caso sientes miedo también de perder nuestra amistad?

A veces creo que simplemente me ves como otra hermana. Sin embargo, pienso que tu mirada confiesa más de lo que tus palabras expresan. Y nuestras vecinas seguirán insistiendo, pero yo no las dejaré saber que me muero por probar el sabor de tus labios azucarados.

Por el momento, continuaré escribiendo sobre las curiosidades de nuestro casi casi algo. Miraré por la ventana también cuando estes distraído. Me reiré de tus muecas, apoyaré tus ocurrencias, y admiraré tu belleza. Cuando al fin me confiese con la vecina, vino tinto en mano, se que me preguntará «¿Sus ojitos de café son los que te enloquecen?» Yo feliz contestaré, «Aunque de ellos me enamoré, mi debilidad fue otra. Es su intelecto y sonrisa lo que me vuelve loca.»

Posted In ,

Deja un comentario