
Querido amigo,
Si supieras lo que siento, ¿cambiaría tu opinión de mí? ¿Tendrías la valentía para dedicarme tiempo a mí? Sé que tienes a tres más detrás de ti. Aunque no me cuentes entre ellas, ¿podrías escogerme a mí?
No tengo mucho que ofrecer excepto mi amor infinito. Soy casi buena con mis palabras y haciendo un poco de cafecito. Me recuerdo de cada detalle como el cumpleaños de tu hermana, como tomas tu café, y tu canción favorita de la semana.
Se las caritas que haces cuando algo no te agrada e incluso reconozco cuando algo tramas. Es la misma sonrisa que me capta y capta, he caído una y otra vez en la misma trampa.
Me fascina cuando hablas de las noticias políticas, o cuando discretamente te quejas de las injusticias. Eres un luchador que aparenta ser conservador.
Tienes un lado tierno y creativo que no te gusta enseñar. Si supieras que lindo lo encuentro cuando comienzas a soñar en las ideas innovadoras que deseas detallar.
Tus ojos de café me enloquecen; nadaría en ellos hasta enriquecerme del color de tu ser. El espíritu de tu intelecto deseo poseer para tener conversaciones hasta en francés.
Todo lo que yo haría por sentir un poco de tu afecto, pero por esta noche solo te pido respeto. Mi frágil corazón no aguanta otra derrota, si por mi sientes mariposas, ¿quién es la otra?
Diecisiete semanas no son suficientes para coser las heridas. ¿Son ellas tus amantes o solo amigas? Disculpa, vuelvo de nuevo con mis preguntas. Al igual que tú no me he dado el tiempo de superar la verdad nunca oculta.
Amigo, tengo miedo de subir mis esperanzas. No serías el primero que sin pensarlo dos veces me rechaza. Aún así sueño todos los días por aquella señal que brindarás cuando por mí no descansas.
Será difícil olvidar lo que sentí; aún siendo amigos tendré que aprender a mentir. Si me preguntas, no sé nada. ¿Y estas palabras? No son para ti. Sabras por mi mirada lo mucho que me arrepentí.
Me enojé sin razón al escuchar que andabas con otra; tú igual me lo confesaste. ¿Es ella tu pasado o con ella hoy te levantaste? No paro de hacerte preguntas que al final no son importante.
Tu pasado me es irrelevante si tu presente y futuro soy yo. Quiero ser la que te robe el abrigo, la frisa y el bolígrafo del escritorio donde estarás entretenido con mis historias de pasillo.
Amaré escuchar tus practicas de oratoria para aquella presentación que marcará tu historia. Siempre te apoyaré desde la multitud, no pararé de animarte hasta calmar tu inquietud.
Te arroparé de halagos hasta recordarte la inmensa suerte de tener a alguien como tu de acompañante. En los días soleados y tormentas de relámpagos conmigo no tendrás duda de la firma del pacto.
Riesgo hay en toda relación, y me arriesgo aún más con esta confesión. Después de leer, ¿qué piensas de mí? ¿Tomarás mis palabras, o te irás a dormir? Cualquiera que sea tu opción, ¿aún podría quedarme junto a ti?
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