
Querido amiguito,
Diecisiete semanas desde que nos conocimos, pero caí en la trampa entre la cuarta y quinta semana. Tu sonrisa discreta me captó, la misma que escondes cuando le hablo a otra persona sobre tonterías, o cuando te regalo el último caramelo para presenciar tu alegría.
Me ilusioné demasiado rápido sin analizar cuál era la verdad detrás. Y ahora que escuché que para ti uno más uno son cuatro, te resto a una para que te quedes con dos. Pretendes a no saber matemáticas, pero a nosotras nos sabes contar e incluso insistes en tener más.
Creías en la monotonía hace un par de años atrás, casi te comprometías a caminar hacia el altar. Herido, comprendo bien, el lupo te salé de noche y se queda hasta el amanecer. ¿No te cansas de sentirte solo cuando te levantas junta a otra a las tres?
Tarde comprendí que en mi no piensas ni te interesa invitarme a tu barra favorita para comprarme el trago que utilizas para desahogarte de tu ex. Tampoco me interesa escuchar sobre cómo ella era tu gran amor, a pesar de que el apartamento se estaba quemando, y aún así extrañas su calor.
Gritan Don Juan va por ahí en las calles de la Placita, y me lo murmuraron a mí en secreto en la esquina para que no supieras que me hablaban de ti. El brillo en mis ojos se apagó, el buscarte entre la multitud se me quitó. Que me escojas a mi es como esperar que caiga nieve en el Escambrón.
Fue lindo vivir en esta fantasía; escuchar como nuestras amigas nos mezclaban los nombres y espiaban por la ventana a ver que te decía. Solía decir que tenía la mejor vista de nuestro vecindario, solo porque tu casa estaba frente a la mía.
Aún así recibí cero visitas a pesar de plantar las flores chinitas para ver si acaso te hacían feliz. Continuaré sin problemas, te visitaré como quiera, te abriré la puerta si te interesa, y seré tu a amiga hasta que no me quieras.
Detrás de ti no iré más, la cena que planificamos no me importa ya. Apoyar tus juegos me aburre, aunque la canasta baja la tuve. Me fallaste fácilmente sin tener que hablar, tus acciones demostraron lo que mi conciencia señalaba una y otra vez más.
Solo espero que no cojas mis palabras a mal; celosa estoy de los rumores que acabo de escuchar. Para protegerme a mí, contigo no puedo estar hasta que me demuestres que eres un hombre leal.
Deja un comentario