
Anoche conocí a tu sexto fantasma, que a diferencia de los demás, este no se atrevió hablarme sin los consejos de una casi madre. A pesar de que no hiciste tu acto de apariencia, conocí tu ser completo. La fantasía que había construido en mí infinita imaginación y las esperanzas de tener algo más allá de las formalidades con coqueteo entre líneas destruidas por una sola inacción.
Me pregunto si sabes cuánto me dolió sentir tu frente frío después de tanto esfuerzo por destapar un corazón que veía brillar detrás de la tela blanca cada vez que entrabas por el lado opuesto del salón. El intercambio de palabras incómodas que me hacían reír por ser genuinamente tú quien me hablaras en la hora del café a las tres.
Todas las advertencias ignoradas por apreciar aquellos ojos tiernos y oscuros que conocí por primera vez en la recepción embrujada por las memorias hermosas que reserve en mi corazón. Camisa azul y chaqueta negra que me distrajo por días en lo que planificaba mi próxima movida para atraer al espíritu de tu ser complicado.
Ahora me siento avergonzada por las preguntas y los esquemas que dejaste pasar como curiosidad y casualidades dentro de cada sesión. Detrás de cada palabra trazada, cada apariencia en la cocina, cada paso por el pasillo, cada esquina escondida, cada carta, cada notica buscada, cada muestra de cariño y afecto, desperdiciados después de tanto esfuerzo para conseguir que te fijarás en mí.
No quiero escuchar las excusas que susurrarás cuando dejé de prestarle atención a la puerta que abres cerca de mí. La tristeza que me da pensar en aquella noche que me atreví a entregarte mi dirección para solo crearte una colección de cartas en tu buzón. Aunque estas consciente lo suficiente para saber que el correo funciona de ambas formas, preferiste dejar tu bolígrafo de madera de ausubo secarse entre las miles de oportunidades que tuviste para invitarme a ver El Velorio.
Aún continuo perseguida por miles de preguntas no contestadas, que nunca se contestarán al dejar este juego de caza fantasmas que entre por tanta caballerosidad demostrada por un príncipe enmascarado. Dejaré de hacerle preguntas a la tabla, dejaré de ir a la esquina del café envenenado para optar por el té de manzana agria.
Antes que los rumores se dispersen por el viento frío que se sentirá entre dos almas muertas de fatigo académico y corporativo, admito que estoy consciente que no me debes nada. Al igual que yo, que tampoco te debe nada, ya que nunca fuimos algo para solicitar una presencia iluminante.
Si algo grita el espíritu de feminista dentro de mí es respetar el consentimiento de ambas partes. Estoy agradecida por un año de risas e intercambio de miradas de anhelo que alimentaron mi fantasía sobre la imagen construida de ti. Solo espero que pronto volvamos a compartir para conocer a tu séptimo fantasma y dejarle saber al octavo y noveno que las oportunidades se acabaron después de sentir la presencia más lejana estando tan cerca de mí.
[Imagen por Syarafina Yusof en Unsplash]
Deja un comentario