Carta para tu ego

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Estimado Egoísta,

Soy yo de nuevo, después de tanto tiempo. Creo que nunca te hubieras imaginado que habría una carta más para ti. Tantas que te había dedicado cuando éramos amantes, pero ahora te aconsejo que pares de leer antes de que te hiera tu frágil masculinidad.

Era tan fácil romperte sin tener la intención porque andar con una mujer intelectual como yo era una amenaza para tu egoísmo ingenio. Imagínate, ¡qué horror! Una mujer que no depende de ti.

Ojalá pudiera haber comenzado esta carta con palabras bonitas, pero no te mereces las palabras que te suplicaba que me escribieras a mí. Yo escribo con el corazón en la punta de mis dedos por cada tecla: letra, punto, coma, espacio y borrador. Ninguna de las palabras aquí escritas te pintan como el héroe de tus poesías.

¡Solías escribir y que me amabas! Me rescatabas como una princesa en un capítulo y después me arrojabas a los dragones en otro. Buscabas que te amara con el tacto en tu cuero, a pesar de repetirte que no me sentía cómoda. Insistías, según tus palabras, por tu instinto de hombre. Como si fueras un animal en la calle persiguiendo a la primera loba en celos.

No te das cuenta que en comparación conmigo, tú solo eres un chihuahua que no para de llorar. Ah, perdón, tienes razón, sé lo que estas pensando: «Yo nunca lloré frente a ti.» Aunque sí te puedo confirmar que me hacías los lloriparties infinitos cuando no te prestaba atención.

Yo prefería entretenerme con mis novelas chinas que verte haciendo muecas incómodas por la cámara. Me decías que era la culpable por tus pensamientos, aún desconozco qué sensación puede causar una chica en pijamas largas de la sirenita de los cuentos de hadas.

Claro, todo era mi culpa. Yo era la de las pijamas, ojitos miel, piel luminosa, cuerpazo de modelo sin pasarela, el almuerzo, la cena, princesa, material de esposa, loca, Juana, la que te saca, boba, la que se enoja por todo, la futura ex-esposa, la que no te deja opinar, la difícil de amar.

Difícil. Nunca pensé que un adjetivo me pudiera causar tanto dolor, pero lo peor de todo es que no vino de un desconocido, vino de ti. Que difícil era complacerte.

Hablabas de mí como si fuera un examen de la uni que tenías que superar para que tu padres no te echaran de la casa. Sí solo hubieras logrado esa meta, porque dos años después aún buscas la manera de perseguirme por las redes sociales.

Gracias a Dios que existe un botón para bloquearte, que pena que no exista ese mismo botón en la vida real. Si algún día nos encontramos, dirige tu mirada hacia el otro lado. Tenle miedo a mi pluma y papel. La defensa contra tus mentiras están escritas en nuevas cartas que no querás leer.

Te las dedico con el mismo cariño que me distes con las tres cartas fantasmas que nunca llegaron a mi buzón. Supuestamente me habías escrito cositas lindas, empezando las oraciones en «yo» antes que «tu», yo la última, tú el protagonista. Ahora me toca a mí ser egoísta, pensar siempre mí y nunca en ti.

[Imagen por sue hughes en Unsplash]

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