
Querido crush,
No hace falta mucho para hacerme sonreír, pero cuando te veo llegar por el otro extremo del salón y me saludas desde lejos moviendo tus palmas y destellando tus ojos brillantes llenos de ternura, no puedo esconder mi expresión de enamorada ni detrás de la mascarilla. Tal vez me exagero un poco al decir enamorada, solo conozco nada de ti. Es una ilusión lo que llevo en mi cabeza, pero esto no significa que no seas para mí.
Si tuviera la valentía para sacarte a una cita, o mejor dicho, que tú me saques a mí porque de mi nunca vas a escuchar la palabra salida, cita, jangueo o date de tan tímida que soy. De hecho, a veces siento que cuando hablamos se me olvida actuar como una persona normal, desconozco que es la normalidad. Y te debe ser extraño hablar con la chica rara que lleva la agenda de Sailor Moon, las pantallas de sapos vestidos de vaca, y la botella turquesa llena de pegatinas con sus novios de anime. Ni yo me hablaría.
Sin embargo, tengo la esperanza de que ves más allá de mis inseguridades. Que no te importa si visto como si viviera en los años 60, que uso los dedos para sumar ocho más tres, o que el fondo de mi celular es uno de mis otros novios de anime. Te gusto porque quieres conocer a la chica que aquel día en recepción te robo el corazón después de casi botarte para que volvieras a reubicar tu auto en el estacionamiento correcto.
Todos quienes nos rodean lo saben, mi corazón es tuyo. Hombre al fin, sé que aún no lo notas cuando me pintas las mejillas como un flamboyán. Los intercambios de miradas entre mis amigas cuando nos ven juntos, el alejarse para proveernos un espacio, y la sesión de fotos discretas que ellas hacen para enviármelas después de relajarme por ser tan obvia que hasta en mis ojos se veía el trasfondo de las Chicas Superpoderosas.
Conversaciones pequeñas es lo más que hemos tenido, las cuales las aprecio, pero quiero más. Quiero saber cual es tu color favorito, los tres libros que te llevarías a una isla desierta, las canciones dentro tu playlist en Spotify, si prefieres un perro o un gato, tus metas profesionales, aspiraciones, miedos, esperanzas, y secretos que jamas contarías ni a tu madre. Claro, esto es solo si estas interesados en contármelo, porque si fuera por mí, te escucharía hablar por horas sin perder el interés en nuestra conversación profunda.
Preferiblemente espero que todo esto ocurra bajo las estrellas, pero ahora sí que me estoy exagerando. Momentos imaginarios así es lo que sueño cada día, aunque sepa que algún día de estos te vayas a ir a buscar una mejor oportunidad profesional. No hay razón por la cual te quedes donde estes, y yo solo soy la chica que te admira desde lejos, y quien sabe. Tal vez cuando te supere y nos encontremos un viernes en la Placita, entre risas sin beberme un trago te diré la inmensa alegría que me traías por solo saludarme de lejitos moviendo tus palmas y destellando tus ojitos tiernos.
[Imagen por freestocks en Unsplash]
Deja un comentario